Planificación de la enseñanza
semipresencial: una experiencia de posgrado
FUENTE: Javier Nó
En
los estudios de posgrado, más que en otros niveles de enseñanza, los
estudiantes son frecuentemente, al mismo tiempo, trabajadores o realizan otras
tareas además de dichos estudios. Por ello, en estos casos, se tiende a adaptar
tanto la asistencia a las clases con flexibilidad, de manera que sean
compatibles con otras tareas. Debido a esto, en el laboratorio de Comunicación
Multimedia de la Universidad
Pontificia
de Salamanca (UPSA), pensamos que este nivel sería el apropiado para probar
nuestro modelo de enseñanza semipresencial. Dicho modelo está claramente comprometido
con la idea ya muy arraigada de aprendizaje colaborativo o, como nosotros
preferimos denominarlo, construcción social del conocimiento.
En
los últimos decenios son numerosas las teorías de aprendizaje que se han
situado bajo el paradigma del constructivismo. Algunas de ellas han considerado
asimismo el hecho de que buena parte del modo en que organizamos cada una las
informaciones que recibimos está condicionada por la interacción social; más
aún, desde este punto de vista se podría decir que nuestra misma percepción del
mundo está condicionada por esta interacción (Berger y Luckmann, 1967). Por
otro lado, desde que se hace más patente la estructura social de redes de la
que todos formamos parte, las tecnologías de la información proporcionan medios
nuevos para dichas interacciones, haciéndolas evidentemente más densas. Esto
hace que algunas de las aportaciones que se han ofrecido para explicar el modo
en que aprendemos, realzando los procesos de comunicación que se ponen en
práctica (Tiffin, 1998, Engeström, 1999), sean especialmente indicadas para
explicar cómo aprende mos, dentro o fuera de las instituciones, en
la llamada sociedad del conocimiento.
Desde
nuestro modelo (Nó, 2004) se predice que, cuando existe una motivación
intrínseca para colaborar en la construcción del conocimiento, las nuevas
tecnologías permiten a cada individuo aportar a la comunidad las informaciones,
experiencias, etc. que reconstruye a partir de lo que recibe de otras redes
(comunidades) a las que pertenece. Dicho de otro modo, pensamos que en el
entorno tecnológico actual, si se proporcionan los recursos de comunicación
adecuados, produciremos una suerte de ampliación del espacio que se da en el
aula, continuando la colaboración por parte de todos en el ámbito virtual. Es
más, nuestra idea es que, si se define adecuadamente dicho espacio, éste
condiciona los procesos pedagógicos, del mismo modo que tradicionalmente lo
hace la arquitectura de un aula.
El
reto era, pues, idear ese espacio de comunicación que rompiera, sin que
profesores y alumnos fueran excesivamente conscientes de ello, las barreras
entre presencialidad y virtualidad, alimentándose mutuamente ambos entornos y,
a la postre, fundiéndose en uno solo.
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